
Tengo mi propia opinión sobre el contenido de esa viñeta que ha supuesto el secuestro de El Jueves. Su calidad y su necesidad están fuera de lugar; lo que no justifica la acción del juez, entre otras cosas porque ha contribuido a que se dispare exponencialmente la difusión del hecho supuestamente delictivo. Es evidente que hoy todos hemos visto esa viñeta; insisto, zafia como ella sola e impropia de una publicación de cualquier signo o intención, pero lo importante es analizar cómo un comportamiento analógico, el de la judicatura, se vuelve contra sí mismo en un mundo digital, hasta el punto de subvertir su propia esencia. Además, ahora el juez está obligado a ir contra todas las publicaciones oficiales, blogs y webs que hayan reproducido la viñeta, porque también han incurrido en el mismo delito que la propia revista, tanto dentro como fuera de España. No hacerlo -- evidentemente no puede y seguramente no quiere -- supone un contrasentido que nos deja, como siempre, a mitad de camino en este proceloso mundo donde lo analógico y lo digital se confunden en una extraña mezcla en la que siempre hay una dualidad extrema y unos intereses oscuros que acaban beneficiando a unos pocos. Creo que hay que esperar a ver qué dice el Fiscal General del Estado y comprobar si cargará contra los autores de la viñeta porque, además, se abrirá un precedente que puede pasar factura en los próximos años. En la Casa Real no deben olvidar que los años han pasado y que el erario público mantiene no sólo a la familia directa del Rey Juan Carlos, sino a toda una familia extensa que tiene sus propios comportamientos.
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