25.4.07

El papel reciclado puede caer en malas manos

Recientemente, el escritor y académico Arturo Pérez Reverte se quejaba amargamente de que escritos originales suyos de deshecho habían entrado en el mercado negro, después de haber sido recogidos de sus bolsas de papel para reciclar. Por ello, juraba que no volvería a ser ni limpio ni ecologista. Lo suyo es que se hubiera hecho con una destructora de documentos, que convierte en miles de finas tiras cualquier papel impreso, que puede ya reciclarse sin temores futuros. En todo caso, la mínima norma de prudencia señala que no deben reciclarse directamente documentos que contengan información sensible de cualquier tipo, porque un desaprensivo puede hacer mucho daño, incluyendo la posibilidad del robo de identidad. Destructoras, las hay para uso personal, a partir de 30 euros y para uso de oficina, más profesional, con precios que alcanzan los 135 euros para un despacho de mediano tamaño o los 475 para una instalación de oficina. Hay cinco niveles de seguridad para estos aparatos (cuanto más pequeñas son las tiras, más segura es la destrucción) definida por la norma europea DIN 32757. Consumen no más de 100 vatios y las hay con encendido y apagado automático. En general, no ocupan más espacio que una simple papelera y duran años sin mantenimiento alguno, incluidas las cuchillas de corte. El precio, por lo tanto, no es excusa y la tranquilidad de Pérez Reverte se habría mantenido con una inversión tan baja como ésta y el reciclado se habría mantenido, aunque fuera con bolsas llenas de miles de tiras de papel.

 
 
    El periodista andaluz Antonio Manfredi, editor de los Servicios Informativos de Canalsur Web y presidente de la Asociación de Periodistas Digitales de Andalucía, analiza la realidad de la nueva sociedad y el impacto de las Nuevas Tecnologías a través de esta bitácora.
 
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