Ya escribí
el pasado día 14 de la decisión que tomé de contratar mi ADSL con Telefónica y abandonar, después de 4 años, los servicios de Wanadoo - Orange, después de que éstos últimos no me ofrecieran los mismos servicios. Mi preocupación por el tiempo que pasaría sin ADSL real no estaba justificada, porque echó a andar en cuanto instalé el nuevo router que me enviaron.
El problema vino cuando llamé a Orange para darme de baja. Fue al 902051151 y me atendió Jorge Sanz, a las 17 horas del día de ayer. El tal Sanz se negó a darme de baja, diciéndome que tenía que explicarle las razones. Cuando le dije que no tenía que dar explicaciones y que mi decisión era personal y técnica, insistió e insistió, diciéndome que ellos me daban lo mismo y a mejor precio (por qué no me lo dijeron antes, digo yo porque se lo he consultado 6 veces en los últimos meses) y que iba a perder dinero si me iba a otra compañía. 15 minutos después insistía e insistía y se negaba a gestionar la baja. Le dije entonces que respetara mi libertad individual y que se limitara a ejercer su trabajo y me diera de baja, pero me dijo que lo hacía por mí, que le explicara una vez más la causa de mi baja y que ellos me iban a ofrecer algo mejor. Treinta minutos después seguía insistiendo (la llamada la pagaba yo) y tuve que decirle que por favor me respetara y me dijera si iba a darme de baja o no. Y no, insistía. En ese momento me enfadé mucho y le dije que iba a llamar a la Jefatura de Comunicación y que iba a quejarme del trato, puesto que estaba atentando claramente contra mí. En ese momento se calló y me dijo que vale, que me daba de baja y que ?lamentaba tener que ayudarme a perder dinero?. 15 minutos después, o sea 45 minutos desde que llamé, me dio el número de referencia de mi baja. En ese momento, sin perder la compostura, le dije que había hecho un flaco favor a su empresa porque había atentado contra el principio básico del respeto y había traspasado la barrera de la mínima educación.
Ahora espero que el proceso siga y no me encuentre con ninguna otra sorpresa. Que no me pasen recibos infundados y que, por Dios, mantengan el mínimo de cordura que ayer se me exigió a mí. Dios nos libre de los ?call center? y de algunos que piensan que van a heredar la empresa comportándose, y lo digo con todas las letras, de una forma fascistoide, impropia de la sociedad en que vivimos. Afortunadamente, conseguí no ponerme a su altura? pero me faltó poco.